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Para aprender en la vida primero hay que aprender a ensuciarnos

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Hace un poco más de un año, cuando mi hija estaba en mi barriga, recuerdo que me gustaba imaginar cómo sería cuando ella estuviera aquí.

Siempre se me venía la misma imagen a la cabeza. La de las dos cocinando.

Yo, frente a la estufa o el mesón mezclando ingredientes y ella mirándome desde su comedor atenta, curiosa, intrigada.

Otras veces pensaba en que pasaría mucho tiempo para hacer realidad esa imagen y que mejor imaginara planes más cercanos como cambiarle el pañal o cantarle para que se durmiera; y la verdad es que eso que se veía lejano no lo estaba tanto.

Ahora tengo en mi narices una niña que camina, explora y no se queda quieta.

Que trata de hundir las teclas del teclado mientras escribo este texto y de manera misteriosa me bloquea el computador en tres segundos.

Mi sueño de vernos compartiendo el plan que me apasiona ya es una realidad. Si bien no es que hagamos una paella juntas o puedo pedirle que por favor me ase unos pimentones, ya puedo explicarle cómo se hacen unas arepas y dejar que se unte de masa hasta lo más profundo de los oídos. 

Hemos preparado juntas tostadas francesas, hemos batido huevos, le he mostrado lo fácil que son de hacer los pancakes de avena pero sobre todo, la he dejado experimentar con cada textura e ingrediente nuevo para ella, es decir: todos.

Me encantan las caras que hace cuando le doy a oler algo nuevo, como el día que le puse un poquito de hierbabuena en la nariz o sintió el olor de la mantequilla derretirse.

Quiero que conozca de qué se trata este mundo y quiero que lo haga sin tener al lado a una mamá evitando que se ensucie o preocupada por cómo va a dejar la ropa.

Mal estaría en hacerlo si sé en carne propia lo que es empezar a jugar con el chocolate y dejar mi uniforme de cocinera como si fuera un cuadro de Pollock, si sé que cada manchita es como una herida de una guerra con final feliz que puede desaparecer con facilidad con una buena lavada.

 

Tal vez por eso es que me identifiqué tanto con la nueva campaña de Fab. Esa que dice que para aprender se vale explorar, practicar y ante todo divertirse.

El otro día recibí en mi casa un regalo de la marca (cosa que agradezco en el alma porque con mi trabajo en la pastelería en la que estoy haciendo las pasantías de cocina mis uniformes solo estaban quedando limpios de verdad con este detergente), me metí a Youtube a ver uno de los videos que recomendaban y me gustó muchísimo.

Va en total sintonía con lo que siempre he pensado. Que si quiero que mi hija esté lista para el mañana, tiene que aprender a disfrutar el presente con todas las manchas que este traiga y enseñarle de la misma manera, que esas manchas se pueden ir y podemos superar los obstáculos. Claro, es una analogía con el tema de la limpieza de la ropa pero tiene tanto sentido con la vida misma.

Acá les dejo el video para que lo vean, no sin antes invitarlos a que también se ensucien y se den la posibilidad de cometer errores en la cocina, aprender de ellos y empezar una historia de amor con las ollas, las mezclas y los chucharones, como la que deseo empiece a vivir mi chiquita.

https://www.youtube.com/watch?v=LGG_9fLvLzA

Si quieren conocer un poco más sobre esta bonita campaña, entra a https://www.fab.com.co/

 

 

Leido 1969 veces Última modificación el Jueves, 19 Mayo 2016 17:27

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